RELATOS AL CAER LA TARDE ©


M A I T R E Y A


SUEÑOS DE VERANO 



Sueños (Ana Cabrera)




SUEÑOS DE VERANO


Esta noche he vuelto a soñar. Fue un sueño largo, profundo y hermoso. Mi cuerpo descansaba plácidamente acariciado por una suave brisa que discurría a través de las persianas a medio cerrar y mi mente sintió la necesidad de evadirse de mi cuerpo y ser libre de ataduras terrenas para recorrer los mil y un lugares por los que antaño vivió feliz en compañía de entrañables amigos y camaradas que hoy, probablemente, se encontrarán perdidos y adulterados en medio de la tecnificada y desangelada sociedad en la que vivimos.

He vuelvo a rememorar la dulce experiencia con Nerón Laughton, cuando con paternal gesto mandó incendiar nuestra querida ciudad, tal como si una noche de Fallas en Valencia se tratara. Su voz, sin quebrarse un ápice, resonó implacable cuando de sus labios impartió la orden. Popea sufrió un éxtasis de placer aunque más tarde lo pagó muy caro. Después, tras deleitarse con tan magna visión, nos fuimos de copas a los lupanares más distinguidos de la ex hermosa Roma. Tres días seguidos con sus noches a cuestas duró la miniorgía, ya que batallas importantes nos esperaban en los alrededores de la esotérica Egipto.

Sin cortarse un ápice, mi mente se trasladó un poco en el futuro para recordar magnos eventos compartidos con el entrañable mío Cid Heston y su hermosa, aunque remilgada esposa, doña Jimena Loren. No es cierto que cabalgara después de muerto, era la argucia que utilizaba para pasar unos días de pendoneo con los suyos sin dejar de hostigar al infiel, que realmente no lo era tanto. ¡Qué fastos!

El disfrute pleno se produjo en la parte de la noche en la que mi mente rememoró nuestro maravilloso viaje a las indias con mi inestimable amigo Cristóbal Colón. ¡Cómo dejamos a las indias! Más les hubiera valido que estuviera por allí don Torquemada, que en aquella época, tampoco era manco.

A medida que el embrujo de la noche iba perdiendo fuerza, mi cuerpo reclamaba la presencia de mi mente obligándola a viajar con la celeridad de luz cuando se encuentra en las cercanías de un agujero negro, y así, casi sin detenerse, aún pudo disfrutar de la Revolución Francesa y su rodar de cabezas (ahora, con que pierda su selección ya es suficiente), la Primera Guerra Mundial, la Segunda (cosa fina para rememorar pero no quiero) y los suaves escarceos bélicos en los que se encuentran inmersos la mayoría de los pueblos del mundo.

Me despierto con los primeros rayos que nos envía el bondadoso Ra para disipar nuestros temores y recuerdo la celestialidad de mi sueño. Pienso que las cosas ya no son de la calidad ni originalidad de antes. Ahora, se limitan a formar bandos de once habilidosos del esférico y los enfrentan durante hora y media (con pequeña tregua de quince minutos). Así, hasta que se eliminen y quede un bando solo (porque no sería adecuado que lucharan, además, los once contra sí mismos) al que se le proclama ¡campeón mundial! No, indudablemente, las cosas ya no son como antes, y mi mente, a veces, parece rebelarse, ¡algo tendrá que comenzar a cambiar!

 

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