RELATOS AL CAER LA TARDE ©
M A I T R E Y A
FRÍO EMOCIONAL


 Invierno (Monet)


FRÍO EMOCIONAL



En la calle hace frío.

      ¡Y siento deseos de gritar!

    La gente camina presurosa como perseguida por el mismísimo diablo. Gestos adustos, desconfiados, tristes, melancólicos, irascibles o aburridos, mezclados de tal forma que parecía estar visualizando zombis que buscaban ansiosamente su madriguera.

¡Y siento deseos de gritar!

El suave aire gélido acaricia mi rostro con descaro, con provocación desatando mi ira contenida a flor de piel. Pienso en la necedad de nuestra existencia. Pienso en todas esas mentes agarrotadas y ávidas de la diaria dosis que les permita la superflua evasión.

¡Y siento deseos de gritar!

Miradas gachas, casi cubiertas por enormes y multicolores bufandas tratando de ocultar su identidad anodina y sus miserias. Mis ojos recorren la calle con mirada aviesa y el rencor se va apoderando de mi alma. Vuelvo a pensar en la necedad de nuestra existencia.

¡Y siento deseos de gritar!

A cada paso, parece que en mi interior resuena el eco de la nostalgia. Anhelos frustrados, pasiones desgarradas por la creciente melancolía, sensaciones olvidadas que se niegan a retornar. Cada paso aprisiona más y más mis entrañas. Cada caso me envuelve más y más en la sinrazón.

¡Y siento deseos de gritar!

Cierro los ojos, con fuerza, con vehemencia y me dispongo a gritar. Un gélido estertor asoma por mi garganta, sin fuerza, sin coraje, con vergüenza, con asco. El corazón sobrecogido entre las garras de la insensatez, lucha por bombear salvajemente una sangre que ya no tiene ansias de luchar. Unas lágrimas si luchan por fluir a través de los párpados salvajemente cerrados.

¡Pero ya no siento ganas de gritar!

 
 

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