COLABORACIONES


 CONSUELO LABRADO



Breve Currículum Literario


1993

Incursiones poéticas semanales en el “Diario de Burgos”.

1995

Colaboraciones narrativas mensuales en la revista “Andarríos”.

2000

Colaboraciones semanales en el cultural “Góndola” del periódico “Burgos, 7 días”.

2002

Publicación de su primer libro de poemas “El Mar de mi Esencia”.

2006

2º premio en el concurso “Monólogos” “La igualdad de la mujer” patrocinado por la Diputación de Burgos.

En la actualidad, Consuelo Labrado tiene publicados tres libros:

POESÍA:    EL MAR DE MI ESENCIA.

RELATOS:  RELATOS BAJO UN YELMO

NOVELA:    PANCRACIA PUNTO ES





RETRATO DE CONSUELO LABRADO
(AUTOR PABLO LABRADO)

 


 

 

FALSA IDENTIDAD

Tuve una infancia feliz, rodeada de todo cuánto pudiera desear, materialmente hablando, y colmada de amor y sobreprotección por parte de mi abuela. Jamás fui al colegio, diferentes profesores particulares se encargaron de instruirme en todas aquellas materias necesarias para una buena formación académica. Conozco el mundo como la palma de mi mano, a través de los libros y domino varios idiomas pero nunca he tenido ocasión de viajar ni de practicar más lengua que la materna.

   -¡Saber no ocupa lugar! -decía mi abuela-

   -Y … encerrada en este lugar ¿de qué me sirve saber tanto? -respondía yo-

   Entonces, ella, zanjaba el tema argumentando:

   -¡No seas respondona, demuestra la educación recibida respetando a tus mayores!

   Mis padres fallecieron en un accidente de coche y su ausencia no significó gran cosa para mí, yo tenía quince años y, mi abuela, interpretó mi ausencia de lágrimas como un bloqueo mental que me impedía exteriorizar mis sentimientos. ¡Se equivocaba! Nunca obtuve de mis progenitores ni la más mínima muestra de cariño, se pasaron la vida viajando y se limitaban a llenar mi habitación de souvenir  para volver a marcharse. No obstante, mi abuela, se empeñó en contratar a una enfermera titulada en psicología por si me brotaba, de pronto, un ataque de ansiedad y, sin pretenderlo, me proporcionó la única amiga que he tenido en mi vida, era la única persona que me mantenía en contacto con el exterior y aquello acrecentaba mi curiosidad, por lo que, mi abuela, decidió despedirla y ni siquiera dejó que se despidiera de mí.

    -¡Aquí tienes cuánto necesitas! repetía incesantemente- Esa mujer te estaba llenando la cabeza de tonterías. Si tus padres se hubieran quedado en casa, aún estarían con nosotras. Detrás de estos muros sólo acecha el peligro. ¡No lo olvides nunca!

   Cuando cumplí los veintitrés años -en aquélla época la mayoría de edad para las mujeres- mi abuela cayó enferma. La fiebre le hacía delirar y en uno de sus delirios, agarrándome de la mano, me dijo:

    -Sube al desván y coge el cofre que hay dentro del baúl, aquí tienes las llaves -añadió señalándose el pecho-

    Cogí la llave que pendía de su cordón de oro y me precipité al desván. Un lugar, hasta entonces, prohibido para mí y con el cofre entre las manos regresé al dormitorio de mi abuela. Me acomodé en la “chaise longue” situada a los pies de su cama e introduje la llave en la cerradura. Multitud de recortes de periódicos aparecieron ante mis ojos y, como si de un puzzle se tratara me tiré al suelo y esparcí todo el contenido tratando de encajar las piezas.

    Descubrí una fotografía mía de cuando contaba apenas dos años grapada al titular de una página periodística. En grandes letras podía leerse: “SECUESTRADA” y a pie de foto un número de teléfono dónde podían contactar aquéllos que tuvieran alguna pista sobre mi paradero. Otra fotografía mostraba la imagen de mis verdaderos padres, los identifiqué  al momento, era el matrimonio que, durante toda mi vida habían servido de criados en casa de mi abuela. Mi corazón galopaba en vez de latir, mi cabeza era un torbellino de ideas. Mi vida no me pertenecía, había vivido sin saberlo bajo una falsa identidad y, de pronto, comprendí por qué nunca me habían permitido salir al mundo exterior.

    Un cúmulo de sentimientos contradictorios me dejaron paralizada durante unos instantes, intentaba canalizar y digerir aquel descubrimiento.

    Miré a mi abuela e incorporándome lentamente, me acerqué a su oído para no sobresaltarla y pregunté: ¿Por qué? No obtuve respuesta. Colocando mi mano en su pecho comprobé que estaba muerta.

    A partir de ese momento me erigí como dueña y sueña; por un instante pensé en poner en venta la casa pero decidí que prefería compartir con mis criados -padres que nunca ejercieron como tales- mis riquezas, en vez de que ellos tuvieran que compartir conmigo, su pobreza.

    El secuestro fue una tapadera para contentar a todos, mis padres biológicos tenían muchos hijos y no sabían cómo darles de comer, comerciaron conmigo y todos contentos. A la muerte de “mi abuela” pretendieron ocupar el lugar de señores de la casa pero les hablé clara y contundentemente, la dueña era yo y si querían permanecer en ella seguirían como criados. Yo ya no tenía intención de cambiar de identidad por el bien de todos … o eso o … ¡A la calle!

   ¡No hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague!

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