MITOS, LEYENDAS Y TRADICIONES
M A I T R E Y A
 
LEYENDAS GALLEGAS


 




A SANTA COMPAÑA


Galicia y los gallegos, siempre hemos gozado, y creo que en todo el mundo, de una fama un tanto especial;  ser creyentes de la existencia de la brujería y todas sus supersticiones.  En el pasado, siempre había algún gallego que mantenía haber tenido algún tipo de contacto con los habitantes del más allá. Pero esto, no puede sorprendernos si pensamos en el aislamiento casi total de muchos pueblos del interior, perdidos entre las montañas desde tiempos inmemoriales, y cuya única distracción se reducía a las visitas a la pequeña y lúgubre iglesia, al cementerio que la circundaba y a las tertulias a la luz del fuego en las oscuras y frías noches de invierno. Bajo estas condiciones, muchas realidades pasadas y transmitidas de boca en boca, fueron transformándose con el tiempo en historias dantescas sobre la brujería, la muerte y las circunstancias que las acompañaban.

Sobre la brujería, existen muchas leyendas, y quizá, una de las más populares y conocidas en Galicia, sea "A Santa Compaña", o procesión de los muertos.

Cuando nuestros ancestros celtas, procedentes de la verde Albión (nombre más antiguo de Gran Bretaña), alcanzaron las costas de nuestra tierra, aportaron a nuestra cultura muchas de sus creencias y leyendas, a las cuales eran muy aficionados, ya que sus características de vida, entorno y aislamiento, fueron similares a la de los antiguos moradores gallegos.

Al anochecer, especialmente en Víspera de Todos los Santos, el velo entre el mundo de los vivos, el de los muertos y el reino de las hadas es muy fino, siendo posible que un humano quedase atrapado en este peregrinaje de las almas de los difuntos al atravesar la nocturna y tenue frontera. La noche, propiciaba todas estas sensibilidades fantasmagóricas.

Se dice que, en determinados días y bajo determinadas circunstancias, la noche se convierte en una procesión de almas en pena, vestidas con túnicas y capuchas, presagiando la muerte de algún vecino del lugar. Sus pies y sus manos son de una blancura extrema.

Caminan descalzas formando dos hileras, a la cabeza de las cuales, un ser vivo porta una cruz y un cubo con agua bendita. Recibe el nombre de “El Crucifero”, y no descansa nunca, cada noche entra en trance, abandona su hogar y encabeza la procesión, guiando a las almas en pena a través de caminos y veredas. Durante los periodos de vigilia no recuerda nada, aunque sus piernas muestran los arañazos recibidos al rozar las afiladas púas de las zarzas de los caminos, y su rostro adquiere una palidez cadavérica para finalmente morir, si un sacerdote no le rescata de su desdichado final. Si fallece, la Muerte lo acunará en el descanso eterno por haber purgado sus pecados en vida.

Una forma de liberarse de esta mortal carga, es encontrarse con otro humano mientras se acompaña a la peregrinación de las almas en pena. La cruz ejercerá una sobrenatural atracción sobre la mente del recién hallado, por lo que se hará cargo, sin ofrecer resistencia alguna, a portar la cruz y sustituir al anterior Crucifero.

Las almas en pena llevan una vela, pero su luz es invisible al ojo del ser vivo, sin embargo su presencia se delata por un fuerte olor a cera y un ligero viento, indicativo del paso de los espectros. Estos se mueven siguiendo la dirección de la Estadea, un espectro de grandes dimensiones. No todos los humanos pueden ver con los ojos la peregrinación de A Santa Compaña, tan sólo algunos seres especialmente dotados, o los niños a los que el sacerdote, por error, bautizó usando el óleo de los difuntos, cuando se hagan mayores.

Sin embargo, se puede intuir su paso por un repentino fuerte olor a cirio ardiendo o el espanto que se produce entre los animales, que según la leyenda, si son capaces de ver esta fantasmal procesión por sus especiales sensibilidades, especialmente gatos y perros que no cesan en sus lastimeros maullidos y ladridos.

La tradición popular afirma que existen diversas maneras de ponerse a salvo en caso de encontrarse con A Santa Compaña.  Cuando el miedo es más fuerte que la razón, es apartarse de su camino e ignorarla, pero se asegura que la forma más segura es dibujar un círculo e introducirse en él, que será más poderoso todavía si está hecho de sal, y tomar una cruz y rezar.

Aquí os dejo los versos de una canción sobre este tema, creada por el popular grupo gallego Golpes Bajos y su líder Germán Copinni.

 

En la noche fría dejan sus moradas
viniendo a este mundo a expiar sus culpas
mas después de las nueve, y en lontananza
multitud de luces caminan sin rumbo.

 

Sigo la procesión con un hacha de cera
soy una parte de ellos que aterrorizan la aldea
entablo amistad con fantasmas y visiones
bañando en terror a los pobres de espíritu.

 

¡A Santa Compaña!

 

Cierra esa ventana y atranca esa puerta
encomiéndate al santo. ¡A Santa Compaña!
son las almas en pena que salen de la iglesia
con la cruz y el scano vagan por los contornos.

 

Por la cerradura sacan a los dormidos
para que se unan a ellos y a su tan lúgubre marcha
más pobre de aquel que no pase por muerto
porque le entregan un cirio y ese no vuelve a su lecho..

 

Sigo la procesión…

¡A Santa Compaña!

Sigo la procesión…

¡A Santa Compaña! 




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