CONFIDENCIAS A VENUS
G A V I O T A
TRISTE AMANECER
DESEADA NOCHE 

Muere el mes y sigue lloviendo
frío, humedad, sin sol
pero contento me siento,
y las gaviotas, queridas amigas
vienen a darme
los buenos días
con su volar majestuoso.

Me cruzo con gente
por la calle triste y gris,
caras de sueño
inexpresivas la mayoría,
no sé si infeliz,
de mi nada saben
tampoco les importo,
sólo a ellas.

Con curiosidad
me miran
allá abajo,
pequeño, insignificante,
pero una corriente
de mutua simpatía
cruza
del suelo al cielo.

Y al bajar
mi alma
se identifica
con la fragilidad
de mis amigas,
una de ellas me siento,
tal vez pronto, quizás nunca
pero con el corazón
allá arriba estoy.

Vuelvo a mirar las caras
ojos vacíos de ilusiones,
sin tiempo para elevar
su mirada al cielo
y dejarse arrobar el alma
por tan delicioso vuelo,
puede que si lo hicieran
pusieran en sus vidas
un poco de esperanza
y más alegría
en sus corazones.

**

La noche y yo
sí nos llevamos bien,
es algo ajena a los dos
lo que mis sentimientos libera
y bajo tu complicidad
siento la necesidad de no fingir.

Todo se conjura,
no querer y sentir
que la tierra se abre a tus pies
por un error de cálculo
y con fuerzas te agarras
para que esa sensación se vaya,
para apartarla del alma.

Y así, con vértigo en la mente
lucho desesperadamente
para recuperar
ese equilibrio perdido
que un corazón traicionero
produce en mi ser
con alevosía y nocturnidad.

Mientras, día a día,
la noche espero,
regeneradora de la verdad
no le oculto nada,
y me ayuda a pensar
porque de tanta tormenta
renace mi calma,
las fuerzas recupero,
y me dispongo a luchar
un día más.

Quiero a la noche pues
mi vida completa,
sin ella no habría despertar
al sol, a la vida,
más, cuando suavemente cae
mis sueños despiertan
con la fuerza de un alud
y mi mente cansada ya,
se deja arrastrar,
mañana Dios dirá
y quizás el cielo
vuelva a ser azul.

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