CONFIDENCIAS A VENUS
G A V I O T A
OTROS NIÑOS
CASTILLO  DE NAIPES

Manos pequeñas,
oscuras, ligeras,
duramente
ensangrentadas,
cómo me duele
cada uno
de sus movimientos
bajo la fría mirada
de un mundo cruel
que observa
y calla.

Ojos grandes
de ilusión vacíos,
pequeños estómagos
de hambruna plenos,
nada reprocháis,
no entendéis nada,
porqué es injusta la vida
con vuestros pequeños cuerpos
y vuestras pequeñas almas
que sufren y callan.

Tal vez, si os dejaran
soñaríais
con poder jugar
con uno de esos balones
que vuestras agrietas manos
cosen
para otros niños lejanos,
que ajenos a la dureza
de vuestro trabajo,
romperán a patadas
en cualquier patio.

Quizás entonces
se dibujara
la sonrisa en sus labios
con la ilusión de ser
un niño más,
sólo un niño,
pero vuestro derecho a jugar
se vio truncado
desde el momento
en que, por equivocación,
nacisteis en el lado
más dramático,
de un mundo
de su injusticia, ufano.

*

Naipe tras naipe,
con ilusión los creas
sobre la base
de la emoción,
total fragilidad
etérea, sublime,
pues sólo respirar
los puede derrumbar.

Con qué poco se conforma
el corazón,
más sus razones tendrá
jamás me las quiso explicar,
y no le daré mi opinión
me limitaré a mirar
como sus castillos
vuelve a levantar,
quizás me ayudará.

Y tal vez, sólo tal vez,
de su constancia ciega
pueda aprender,
pero es tan irracional
que si por mi fuera
no le dejaría empezar,
le prohibiría soñar
pues cuanto más altos son
mayor es el dolor.

Cuántas veces más,
¿dejarás de pensar
que el tiempo perdido
en levantar castillos
lograrás recuperar?
¿tus errores te servirán
al menos para levantarlos
sobre base firme?
¡Dime!

Callas, y con esmero
continuas subiendo
ya van dos,
tres pisos,
y yo te deseo, espero,
que al llegar al final
contengas la respiración,
pues para hacerlo una vez más
las fuerzas te fallarán.

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