RELATOS AL CAER LA TARDE ©
M A I T R E Y A

R E F L E X I O N E S
ECOLOGÍA BIEN ENTENDIDA I




Hace un tiempo leí en una revista que al intentar ser ecológicos, a veces, nos olvidamos de ser “lógicos antes que eco”.

 Por ejemplo, los árboles de edades inferiores a 20 años no absorben anhídrido carbónico (CO2), o al menos en las proporciones deseables.

 Érase una vez en plena campaña electoral en la que el señor Zapatero prometió plantar 45 millones de árboles y lógicamente, su adversario, el señor Rajoy se atrevió a elevar la cifra a 500 millones.

 Vamos a ver, o veamos; que quizá sea lo mismo. Nuestro suelo patrio (incluyendo, por supuesto, las comunidades que dicen que su suelo es suyo y muy suyo y que no es patrio) tiene un área de medio millón de kilómetros cuadrados, que según mis cuentas (rectifíquenme si me equivoco), representan la no desdeñable cifra de 500 millones de metros cuadrados. Miren por donde, tenemos 500 millones de metros cuadrados y vamos a plantar 500 millones de árboles, la cuenta, tras un complicado cálculo matemático, me indica que vamos a tener un árbol por cada metro cuadrado, o en el caso de la aseveración del señor Zapatero; un árbol cada diez (10) metros cuadrados. Es decir (y tras el correspondiente y complicado cálculo matemático) un árbol cada 3,16 x 3,16 m. Asustado me pregunto, ¿dónde vamos a vivir? ¿Dónde estarán las ciudades? ¿Y las fábricas? Seremos ecológicamente puros, ya que careceremos de espacio vital y emigraremos al extranjero, que también tendrían árboles pero menos o nos subiremos a los nuestros (además, pienso que así, la procreación será mucho más dificultosa y nos iremos adaptando al nuevo hábitat).

 Según dicen los técnicos, cuatro árboles de cinco años no absorben el mismo CO2 que uno de 20, que se hace cargo de 750 Kg de CO2 hasta alcanzar los 55, pero al morir, vuelve a desprender todo el gas que ha acumulado.

 Pero vayamos al campo donde en la bella y bucólica estampa de un prado verde pacen las vacas que se alimentan sin descanso. Dicen los técnicos (claro, que tampoco es como para tenerles mucha fe), que una vaca emite 150 kg de metano al año. El 95 % de esta cantidad la emite a través de eructos (¡ay que ver lo poco delicadas que son!).

 En nuestro solar patrio (y no quiero repetirme) tenemos 7 millones de cabezas de ganado vacuno. Tomo mi calculadora supertécnica y me arroja el siguiente dato; las vacas emiten a la atmósfera 105 millones de kilos (también se dice kilogramos) de metano ¡y lo hacen mediante eructos! Bueno, si pensamos que nuestro censo es el 8% del total de Europa, además, también cuenta Asia, África, América (las dos, del Norte y del Sur) y Oceanía sin contar el Ártico ni el Antártico, ya podemos hacernos una somera idea de la contaminación que nuestros bucólicos animalitos producen en el mundo, y sólo en eructos. Claro que tampoco podemos cargarnos a estos animalitos, la leche es la leche y ellos la producen.

 Vuelven a insistir los técnicos que el 12,5 % de los gases que pueden afectar al clima son causados por productos agrícolas. Pero sus aseveraciones llegan más lejos (y yo me las creo). La propia Naturaleza genera el 95 % de los gases de efecto invernadero. El 5 % restante lo producimos nosotros, los reyes de la evolución, mediante las industrias (16,8 %), extracción y procesamiento de combustibles fósiles (11,0 %), su transporte (14 %), estaciones generadoras (21’0 %), tratamiento de residuos (3,4 %), uso de la tierra y quema de biomasa, residencias, comercios y otras fuentes (10,3 %). El restante 23,5 % es el resultado del eructo de los rumiantes.

 ¡Increíble!

 También aseguran (los técnicos, ¡yo no me atrevería!) que vale más coche viejo que un buen híbrido por estrenar (sin ánimo de ofensa por lo de híbrido). Para fabricar uno, se necesitan 25.200 millones de calorías. En cada litro de combustible (cuyo precio está por las nubes o quizá más alto aún) disponemos de casi 7 millones de calorías. Bueno, aplicando complicadas fórmulas matemáticas que no pienso divulgar, llego a la conclusión de que un coche híbrido (y sin ánimo de ofender) antes de pisar asfalto circulable ha consumido el equivalente a 3.000 litros de gasolina. Se podría decir que empezará a equipararse a los tradicionales a partir de haber recorrido unos 70.000 km, es entonces cuando será más ecológico que los no híbridos (y sin perdón).

 Este baile millonario de cifras me ha producido un terrible cansancio, físico y mental, comienzo a bostezar y no tengo muy claro si así también contribuyo a la contaminación atmosférica, elevo el efecto invernadero y puedo provocar las iras de la Santa Hacienda. Pero prometo, que en otro momento depresivo, volveré con este tema y sobre el fuego en los bosques, la calefacción, los bosques, la dieta vegetariana, las ciudades, el campo.

 Si alguien tiene curiosidad o inquietudes sobre este tema, les puedo recomendar su lectura en la revista Quo, donde me imagino que podrán quedar satisfechos.

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