RELATOS AL CAER LA TARDE ©


M A I T R E Y A


R E F L E X I O N E S

VIVENCIAS. UNA MAÑANA DE PLAYA






VIVENCIAS: UNA MAÑANA DE PLAYA



Ya se sabe que en los tiempos antiguos, los días eran más fríos y más oscuros. La gente normalmente se abrigaba hasta el mismísimo moño, y no aligeraba ropa hasta bien entrado el verano. Ni aligeraban ropa ni se lavaban para no perder protección en la piel. Hoy en día las cosas han cambiado, ¡y cómo…¡ Ya no es necesario esperar al cuarenta de mayo para quitarse el sayo y no volver a ocultarse a primeros de septiembre.

Desde hace unos años, el tiempo, el atmosférico, ha cambiado. Dicen muchos sapiens horteras que es un cambio climático, que lo hemos provocado con nuestras aberraciones y nuestra descarada forma de pecar. La cuestión es la siguiente; estamos en el mes de septiembre, ya iniciado el otoño, y el reluciente sol todavía nos invita a disfrutar de la playa, pasear nuestros cuerpos serranos por las cálidas arenas, y plácidamente tumbados al sol, continuar tostando nuestras pieles que sigan manteniendo esa tonalidad tan agradable hoy en día.

Ya en ella, en la playa, daba gloria ver esos angelicales cuerpos de las quinceañeras, Erasmus todas o la mayoría, con apenas unos milímetros cuadrados de ocultación a la saltona y desmadrada vista del pecador sexo opuesto. ¡Y no se cortan lo más mínimo¡ Producen la sensación de que permanecen así durante todos los días de su vida. Ni que decir tiene, que también alguna marujilla entrada en años y en carnes se despendolona y deja ver esos michelines tan asesinos con la condición de mujer. Pero, con un determinado pudor o vergüenza, cuando se levantan de su posición de cubito supino, además de provocar un excesivo movimiento pendular de sus tetas o senos, pechos o mandingas, se llevan las manos hacia tal lugar en un extraño afán de ocultarlos a las vistas indecentes y ávidas de sexo que se sientan en los alrededores. ¡Extrema estupidez dónde las haya¡ Pero mujer, con la cantidad de “aditamentos mamarios” que está a la disposición de todos los ojos en condiciones de mirar, “aditamentos” de calidad, oye…, cosa buena, ¿cómo narices se va a perder el tiempo y estar pendiente de algo que recatadamente debería mantener oculto para evitar bochornos propios y ajenos. ¡La mayoría de las ocasiones somos seres  impresentables, demasiadas veces impresentables! Que conste, en mi ánimo no está el provocar ningún sentimiento de ofensa, pero fíjate bien, marujilla del alma mía, ¿ves a esa corderita que está levantando su precioso culo de la multicolor toalla? ¿La ves? Mira, seguro que cuando se acercó al Corte Inglés, pongo por caso, tan sólo compró la braguita, es decir, el monokini. ¿Para qué narices iba a querer el top?

Pienso que si por ella fuera, caminaría tal como su madre la trajo al mundo, es decir en pelota pura, sin demostrar el más mínimo sentimiento de pudor. ¿Pero no te das cuenta el cuerpo que tiene la niña, casi parece una provocación divina? Maruja, ¿y pretendes hacerme creer que estamos pendientes de esos siniestros aditamentos, al tratar púdicamente ocultarlos cuando levantas tu cuerpo de la arena? Pero hija, si cuando estás tumbada ni se sabe lo que tienes encima. ¡Mira, mira, sí esa lindeza que se está desperezando a tu derecha, esa cabellera rubia que roza delicadamente los pezones de sus armoniosos pechos¡ Ahora comprendo cuando Mahoma decía, “si la montaña no viene a mí, yo iré a la montaña”. Que dos montañas tan perfectamente modeladas, que hasta el mismísimo Miguel Ángel sentiría envidia al ver como una mujer podía haber parido tanta perfección y sin tener, quizá, el más mínimo sentido del arte. Eso sí atrae la vista, y me río yo del poder de subyugar de una cobra o cualquier otro animalito que se precie en esos menesteres.

Pues bien querida “protagonista”, no me importa, no me preocupa, me deja insensible el hecho de que te despendolones en la playa, estás en todo tu derecho, pero no trates de hacernos creer que somos unos picaruelos y estamos pendientes de unos atributos que, no dudo que en el pasado habrán sido espléndidos, pero que hoy resulta más elegante disimular. Mi mirada, de verdad, está clavada en ese cuerpo que cadenciosamente se va acercando al agua del mar para tomar posesión de ella, y me siento celoso, y lo único que me molesta es tu espalda ya metida en carnes, que me oculta la agradable visión. Por lo demás, querida mía, puedes hacer de tus atributos lo que realmente te dé la gana.

También es cierto que, además de estas extrañas “protagonistas”, están los niños. ¡Joder con los niños! S”obre todo si vienen acompañados de su madre, de su padre, de su abuelita, de su abuelito, de su perro, y lo que es peor, si vienen acompañados de sus hermanitos. También tienen derecho, ¡verdad?  Es cierto, pero leches que se vayan al Sahara a tomar el sol, allí podrán hacer pipí sobre la abuelita mientras sestea. Hablando de abuelitas en la playa, cosa fina tío. Da gusto verlas, la mayoría de las veces enfundadas en unos vestidos multicolores amplísimos que parecen camisones de dormir (o de lo que sea), con las piernas arqueadas cuando no están sentadas, produciendo la sensación de que están meando. Esas carnes de los brazos, que más bien parecen piernas de jamón ibérico (sin la más mínima intención de ofensa, no vayan luego a criticarme de racismo y xenofobia, que no es cierto), y las carnes de las piernas, que no se sabe muy a qué pueden parecerse, pero que además rezuman una blancura lechosa que produce repelús. Bien es cierto que dentro de una hora más o menos, ya comenzarán a verse las rojeces características de estas situaciones, por la noche no las verá, pero no se olvidará de ellas. ¿Y el abuelito? Joder con el abuelito. Sentado en la hamaca bajo la sombrilla, con camiseta blanca, sí, esa que se suele poner debajo de la camisa cuando se alcanza cierta edad, o sola si se es camionero, gorra de marinerito (puñeteros, gilipollas, sin en vuestra vida habéis subido a un barco, y si alguna vez lo hicisteis en la “golondrina”, el mareo os ha durado al menos un par de semanas), gafas de doscientas mil dioptrías, eso sí, con un leve toque de color, y un periódico ya manoseado por el yerno que, en tanga, está plácidamente tumbado sobre una esterilla preparando sus orondas carnes para una noche cruel, en la que ni la misma Claudia Schiffer con veinte años sería capaz de entonarle el espíritu.

Y la madre, joder la madre, la que los parió, a los chiquillos claro. Detrás de ellos con la botella del bronceador en la mano dando gritos a diestro y siniestro levantando verdaderas polvaredas de arena. ¡Señor que cruz¡ Y yo pienso, mis derechos, ¿dónde están mis derechos? Pero es como clamar en el desierto. Y mi cuerpo moreno ya se está poniendo negro. Permanecía sentado con la mirada perdida en el dulce trasero de la escultural rubia que ya estaba entrando en el agua, cuando un montón de arena sacude mi cuerpo. Miro al niño con ira, verdadera ira, miro a su madre con furor, verdadero furor. Ésta me devuelve la mirada como diciendo ¿qué coño hace usted ahí tumbado sobre la arena con lo mayor que es?

Las irreprimibles ganas de levantarme y sacudir un guantazo al imberbe mozuelo se frenaron al recordar que ya también había llevado a mis hijos a la playa. ¡Y lo recordé, Señor cómo lo recordé¡ Pero al menos yo hacía verdaderos esfuerzos para mantenerlos controlados, y cuando ya no podía, los metía en el agua y los ahogaba. ¡Faltaría más! ¡Faltaría más! Como podéis ver, las compensaciones que tienen un día de playa pueden verse destruidas por la fogosidad de unos imberbes mal criados, y que en este caso, menos mal que ya estábamos dispuestos a emigrar a la tranquilidad de nuestra casa, donde me esperaba una exquisita comida.

¡Placer de dioses, oye, que paz! Ya se sabe, todo tiene un final, hasta el gobierno del señor de Pontevedra, que ya le queda bien poco. Como decía un jodido del medievo alto, creo que de la corte de los Reyes Católicos, allá por el mil cuatrocientos noventa; “o se cae por la acción de la gravedad o por su propio peso”, y no me digas que con Isabel ya no se llevaba el medievo, ¡no es cierto truhán! Lo que no tengo muy claro es lo de la gravedad, si se referirá a la mala situación y gestión de estos gobernantes (los de hoy, los de ayer y los de anteayer), o sencillamente a la gravedad gravitatoria, que tampoco se sabe muy bien lo que es, pero nos mantiene aquí pegados con el culo a la tierra, como si de un castigo se tratara, ¿o realmente lo es?


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