RELATOS AL CAER LA TARDE ©


M A I T R E Y A


R E F L E X I O N E S

DÍA HIPOTENÚSICO







¡DÍA HIPOTENÚSICO!


He pensado que lo mejor que puedo hacer por mí en este día Hipotenúsico, es darme un placentero paseo en este fabuloso y fastuoso modelo de Rolls Roice, al que estáis invitados, pero al igual que cuando vais de fiesta a casa de algún amigo (ambos sexos), debéis proporcionaros el sustento a base de bocatas, caviar, ostras, nécoras, langostas, Champagne Veuve Clicquot Ponsardin y excelente whisky de malta.


¿Dispuestos? ¡Blogeros (ambos sexos)… a paseaaaar!


Bien, entremos en situación. Hoy sufro mi día Hipotenúsico. Ya hacía tiempo que no me asediaba, como una cefalea mal curada, y no sé muy bien si se debe a las altas presiones de las isobáricas razones que llevamos escuchando día a día durante las últimas semanas o sencillamente ¡tocaba! Todo ello me confunde y me conduce hacia ese estado imperfecto e hipotenúsico que me tiene frito.


Ya imagino que, como ser pensante, estarás preguntándote que grave enfermedad me acongoja. Pues te equivocas, no es una enfermedad, tan sólo un estado transitorio pero que presiona las neuronas del cerebro, las del cerebelo, las del hipotálamo, las del corazón y en casos agudos, las del sexo (estas son las peores, ¡te lo aseguro!). En los casos de aquellos seres vivientes que tan sólo dispongan de una única neurona, la gravedad del día hipotenúsico se puede manifestar con grandes alteraciones de personalidad y por consiguiente, las secuelas pueden abarcar periodos depresivos en fases agudas y reiterativas, cosa no deseable en este periodo de campaña que nos acosa.


Por definición, cuando uno tiene su día hipotenúsico, quiere decir que se encuentra sometido a determinadas exigencias que conculcan estados de ánimo depredatorios y entonces grita “¡¡estoy hasta los cuadrados de los catetos!!”. Es a partir de aquí, cuando los síntomas se revelan en estado crítico, pero sin “indignación” en la mayoría de los casos.


A mí, en mi día crítico de hoy, me ha dado por pensar (¡no es cosa frecuente, no vayáis a creer!) y en mi mente comenzaron a rondar una serie de ideas casi diabólicas, que no me atrevo a resumir. Pero en vista de cómo están las cosas; de cómo está el paro, de cómo está la economía y la econotuya, de la jubilación a los 67 (de momento, ya que a este paso, aquí no se jubila nadie hasta los 100 o la señora de la guadaña), alguna habrá que esbozar antes de que mi día hipotenúsico me engulla. Por ejemplo:


  • Blogueros (ambos sexos) del territorio patrio y con buen corazón, ¡uniros! (Ojo nene, ojo nena, tú y tú, no tenéis buen corazón, así que a la p… calle), y lanzaros en subversión bloguera para crear un nuevo estadio de estado, pero sin “indignación”.


  • Convocar reuniones en la plaza del pueblo, de la ciudad, de las capitales de provincias, autonomías, incluso en Madrid (¿ya es autónoma?), España (que como Teruel, para algunos no existe), en el mundo entero y hasta en el universo (habría que reciclar a los alienígenas, pero son gente maja y valdría la pena).


  • Leer manifiestos escritos por las mentes más preclaras de toda la entidad blogera (cariño (ambos sexos), tú de momento ¡no!, te reservamos para el futuro conservado (ambos sexos) en nitrógeno a – 175º C o más).


  • Constitución en asociación lícita (los sin corazón pueden hacerlo en otra ilícita) y declaración de principios. El primero y en letras mayúsculas: ¡¡BLOGEROS (ambos sexos) AL PODER!!


  • Cada bloguero (ambos sexos) jurará su condición y acatamiento a las normas. Declarará, bajo juramento que mantendrá su capacidad prolífica y creativa para mantener con dignidad su blog y mejorarlo día a día, ya que en caso contrario le será expropiado sin derecho alguno (bueno, el del pataleo, sí) y revendido al mejor postor (¡Ay, si fueran ladrillos!).


  • En asamblea plenipotenciaria desde la plaza de cada pueblo, ciudad, etc., y a través de videoconferencia, nombramiento de Bloguero (ambos sexos) Mayor del Reino, y que ejercerá las funciones que les sean conferidas con toda su potencialidad y esmero propios del cargo. En su jura (de tacos nada de nada, ni en arameo, arano), dejará constancia que el poder no influirá en sus instintos más básicos ni más bajos, que no ejercitará la prevaricación ni la lujuria (ni el sexo con la lujuria, que tampoco está bien visto) y que su honestidad (¡y ezo… ¿qué ez…?!) prevalecerá como condición inalienable.


  • Una vez alcanzado el poder hay que afianzarlo, vendrá el reparto de “poderes”, uno al menos por cada bloguero (ambos sexos), pero en ningún caso se podrán acumular más de dos en un mismo bloguero (ambos sexos), ya sería demasiado para su cuerpo y su mente e incluso para su vecina (¡la que le iba a caer!).


  • Conseguido esto, ya estaréis en posesión de la fuerza, y como ella os acompañará, podréis poner a caldo a los responsables de los poderes públicos y privados para que funcionen como la charito (si alguien no sabe lo que es, que se recicle convenientemente, que a estas alturas de la eternidad, sí es posible), que ya estáis de los nervios.


  • Con los años y los blogueros (ambos sexos) en el poder, conseguiréis que el mundo, el de este lado y el del otro (el oscuro) sean perfectos.


¿Os vais dando cuenta de lo que es la realidad en un día hipotenúsico? Pues puedo deciros que el mío hoy, es bastante débil y nada cruel por no decir que podría pasar desapercibido si no os tuviera ahí enfrente. ¡Cuándo es crítico, para qué contaros!


Por cierto, si alcanzáis alguna vez el poder, ¡acordaros de este pobre profeta que en sus horas hipotenúsicas tuvo a bien ofreceros una magna y celestial idea! Y para ser fiel a la verdad, tengo que añadir que estos comentarios han sido copiados durante uno de mis sueños hiperbóreos en el país de los Elfos, dictados por la princesa Lizarel, cuya espiritual belleza me tiene prendado y a la que rindo pleitesía. Debo añadir que en eso de organización bloguera, a los Elfos no hay quien los supere, pero es lógico, su tiempo discurre de otra forma, que los mortales de este lado no podríamos imaginar ni comprender. Puede que en otra ocasión me atreva a explicarlo. Puede...


Ahora, me ataré al palo mayor de la vela de mi nave interestelar para escuchar el canto de las sirenas en su versión más popular; “SÁLVAME” para culminar este fatídico día Hipotenúsico.


Os ruego encarecidamente que no dejéis miguitas de pan y otros restos de comida sobre la preciosa tapicería de mi utilitario de campaña. ¡Gracias!

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