RELATOS AL CAER LA TARDE ©


M A I T R E Y A


R E F L E X I O N E S

SIMETRÍA

ESPEJO DEL ALMA






Adoro la simetría. Me puede parecer genial el desorden e incluso la simetría desordenada o el desorden simétrico. A veces, mi neurona, a lo largo del peregrinar en el tiempo, me pregunta, “¿qué es la simetría?”, y se contesta rauda y veloz; “la perfección”. Me asombra la respuesta, aunque la comparto, pero de inmediato surge la siguiente pregunta “¿la perfección es condición humana?”. Ahora duda en su respuesta, al menos, no es tan rauda ni tan veloz. “Claro que es condición humana, no podría ser de otra forma, somos creadores por excelencia y por lo tanto, rayamos la perfección”.

¿Seguro? Quizá tan sólo en su percepción, por lo que sería más fácil de admitir; “la perfección imperfecta sí puede ser condición humana”.

   



En mi caja craneal se escucha el desgarrador y demencial grito del silencio, terrorífico en cualquier caso, prolegómeno de la inexistencia vital en el estado más cercano y rayando el lado oscuro, lo que no me margina, no impide mi capacidad de discernimiento ni me oculta capacidad existencial para mantenerme en el estado puro deseado; “La simetría irracional o el poder oculto”.


 


Y cuanto más silenciosa se encuentra, más aguerrido me siento y me niego a ser una mera circunstancia y planteo batalla, preparo mis huestes para lanzarlas en plan ofensivo-defensivo y dejar bien claro que mi existencialidad, adquirida a lo largo de innumerables siglos se mantiene inquieta, que no se doblega y que no tiene sentimiento alguno de rendición. Es entonces, cuando la imagen de la simetría absoluta, la perfecta creación de la Naturaleza, adquiere todas su dimensión y se transforma en sublime y es la imagen y semejanza de uno mismo y siente la simetría en su cuerpo, en su alma, y los dos se transforman en una dualidad única, perfecta, simétrica, dualidad sublime, dualidad etérea, dualidad genial. ¿Cabe alguna duda?





Pero, ¿y cuando sientes que además, existen otras circunstancias? Puede generar la locura, pero la paciencia intrínseca de la belleza te pueden conducir hacia estadios en los que fácilmente puedes gritar; “¡Qué genial es la asimetría de la simetría perfecta!”, y sentirte plenamente complacido.




Quizá estas imágenes determinen con más claridad mis aberraciones mentales al desplegar esa asimetría perfecta de luz, color y formas. ¿Será la asimetría de la formas simétricas? ¿Será el conjunto de la asimetría de las formas simétricas lo que nos rodea? ¿Seremos nosotros la asimetría de las asimetrías imperfectas? ¿A qué distancia de la perfección simétrica nos encontramos?


Demasiadas dudas me asolan. Un descanso mental y asimétrico repondrá las fuerzas neuronales. ¡Espero!

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