RELATOS AL CAER LA TARDE ©


M A I T R E Y A


R E F L E X I O N E S


VIVENCIAS:

UN INSTANTE EN EL TIEMPO


 
UN INSTANTE EN EL TIEMPO

 

 

 Todavía mantengo en mi retina el fastuoso anochecer de hace unos de días. La plasticidad de la visión la calificaría de maravillosa y las sensaciones producidas en mi espíritu, de extraordinarias. Sí, ya lo sé, puestas de sol se producen todos los días (incluso los nublados), es una verdad irrefutable. Pero también es cierto que la mayoría de las veces (por no decir, siempre) pasan desapercibidas para nuestros sentidos y así nos va.

Serían sobre las seis y media de la tarde cuando el sol iniciaba su ocaso, agostándose tras las montañas. Sobre el cielo, todavía azul, se movían, con exagerada lentitud, unas nubes muy alargadas y de escasa consistencia. Entre unas y otras, un espacio vacío de un impoluto azul oscuro que las delimitaba con precisión. La incidencia de los rayos solares sobre ellas, elaboraban sugerentes matices de colores moviéndose sobre el anaranjado. El contraste entre el frío color azul y el cálido naranja producía una visión mágica que pareció adentrase en mi corazón y crear un estado de éxtasis.

Me senté sobre el césped del parque y dejé que mi mirada se deleitara mientras mi mente trataba de impregnar todo mi ser con esa sensación. Es indescriptible imaginar como ésta, vuela tratando de aunar momentos sensibles, desatar recuerdos agradables, sentir deseos de compartir, liberar las ansias de amar, necesitar pedir perdón y mirar hacia atrás sin rencor ni odio.

Lentamente, el cambio se iba produciendo y poco a poco, la penumbra comenzaba a ganarle terreno a la luz, tan sólo reflejada en las hermosas nubes del país de los ensueños. Arriba, en el cielo se iniciaba otra espectacular aparición, dejándose ver, con timidez, miríadas de estrellas, que parecían ir situándose allí para deleite de mi espíritu. Tengo que confesar mi egocentrismo, pero por unos instantes me sentí el emperador de universo y que todo estaba allí para que yo pudiera disfrutarlo, que era de mi propiedad en el devenir del tiempo durante toda la eternidad.

Desearía no perder nunca esta visión y repetirla hasta que se transformara en un rezo diario, y así disolver el perenne velo que impide desprenderse de lo inútil, carga que acongoja nuestro peregrinaje terrenal. Se la recomendaría a la humanidad entera, aunque sé muy bien que caería en saco roto.

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