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CENA EN EL PALACIO REAL

 













CENA EN EL PALACIO REAL

Cena de celebración del  cumpleaños de S.M. el Rey.

Asisten a la cena personalidades de la  realeza, la política, la nobleza, etc.

Los invitados, tras los saludos de rigor a la Familia Real, van tomando asiento en la mesa tras comprobar que están en el lugar asignado.

En un lugar destacado, el Presidente del Gobierno y su señora. Deslumbrados  por el lujo de la Mesa, Sonsoles le dice a su marido:

—¡Ay,  José Luis, mira qué cubiertos más monos!. De Oro puro con brillantes y esmeraldas incrustados. ¡Anda Porfa, cógeme uno de recuerdo!

El Presidente le dirige una tierna mirada, pero su esposa comprendió que no estaba muy por la labor.

—Yo tengo que tener uno de esos para casa... —volvió a insistir

 —Pero, Sonsoles,  por favor... —le reprochó el Presidente, tratando de zanjar el asunto.

 —¡Ni por favor ni leches! Tú me coges un cubierto  ahora mismo... ¡y no se hable más!

—Bueno, bueno, no te pongas así —conocedor de la férrea voluntad de su señora.

Por consiguiente, el  presidente disimuladamente, coge un cuchillo y se lo guarda en la  chaqueta....

Justo  enfrente del matrimonio Zapatero, se encontraban sentados Rajoy y su esposa, que se dieron cuenta de toda la operación.

Ella le dice a su marido:

—Anda Mariano, cariño, yo no quiero ser menos, ¡cógeme tu uno a mí…!

—Pero por el amor  de Dios —replicó el líder de la oposición—, ¿cómo voy a hacer eso?

—¡Tu también! Y no me discutas... —respondió un tanto airada su señora.

—Bueno, bueno, lo que tu digas.

Así que, con el mismo disimulo que  Zapatero, Rajoy se dispone
a coger el cuchillo pero su mano  tonta en la que tiene el tembleque le

traiciona, con la mala suerte  que el cuchillo golpea varias veces una
copa...clin, clin, clin,  clin, clin...

Se produce un  profundo silencio, y sonrojado sin saber muy bien que hacer, se levanta y para salir del  paso alza la copa y dice:

 —Brindemos por su Majestad el Rey Don Juan  Carlos, por que cumpla muchos más. ¡¡¡Felicidades Majestad!!!

Todos brindan, y Rajoy, se sienta  aliviado.

—De verdad, Mariano, que  torpe eres. Pero yo no me quedo sin mi cuchillo, así que ya lo puedes ir cogiendo y procura ser más discreto.

—Pero cariño, ya ves que no puedo. Me estás poniendo en un compromiso. ¡Por favor, déjalo estar!

—¡Que no, que no y que no... que la Sonsoles tiene su cuchillo  y yo también quiero uno!

—Ufff, de verdad, que mira que te pones  pesadita...pero en fin, la verdad es que el cubierto es una verdadera joya.

 Y de nuevo se dispone a coger el cuchillo, pero sus nervios vuelven a traicionarle y  su mano golpea otra vez la copa. Clin, clin,  clin, clin, clin...

Una vez más, se hace un silencio  sepulcral, por lo que Rajoy tiene que ponerse de nuevo en pie  y dice:

—Un brindis por su Majestad la Reina Doña Sofía por ser tan buena anfitriona y estar tan guapa. ¡¡¡Sofía, guapa!!!

Todos brindan y el se siente de nuevo  aliviado, auque esta vez, los colores se adueñaron de su rostro.

—¡Eres un inútil! Algo tan sencillo como coger es miserable cuchillo y no eres capaz de hacerlo por mí.

—Pero es que... —balbució

—¡Ni es que, ni nada! —le contestó irritada— Quiero mi cuchillo y lo quiero ahora.

—Pero no puede ser —trató de justificarse, mientras que se pasaba el pañuelo por el cuello—, ya ves que mi temblorosa mano no me lo permite....

—¿Que no te lo permite? ¡Pues ya te lo puede ir permitiendo, porque cómo no me consigas el cuchillo ahora mismo, te monto el espectáculo aquí delante de todo el mundo!

—Pero no  seas así... —trató de ser conciliador.

—Ni así ni nada. Ya me lo puedes ir cogiendo. Y como vuelvas a meter la pata, suelto delante de todo el mundo que me divorcio de ti.

Así que Mariano, ante la furia de su mujer, decide volver  a intentar coger de nuevo el cuchillo, pero ...clin, clin, clin,  clin, clin...

Silencio total, sudores fríos  recorren su frente. Se pone en pie y viendo la cara de furia de su  mujer dice:

—Permítanme que les haga un truco de magia. ¿Ven este  cuchillo que tengo en mi mano? Pues lo voy a hacer desaparecer:

Con cierta parsimonia, miró a un lado y a otro vendo los extraños gestos de los invitados.

—Lo  introduzco en mi chaqueta, doy unos pases mágicos  flus, flis, flas, y...

Elevó ambas manos vacías, a la vez que las hacía girar y con un gesto extrañamente dulce dice de forma rotunda:

—¡Zapatero, mírate el bolsillo de la chaqueta!

 

 ooooOOOoooo








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